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El valor del crédito

La presidenta del Hipotecario asegura que las tasas de los créditos están atadas al valor de los depósitos.
Mente abierta es lo que reclama Estol para encontrar una solución a la necesidad de créditos más accesibles. Dentro del sistema financiero, el Banco Hipotecario figura en el décimo lugar en cuanto a activos, es el cuarto en el financiamiento a las familias y el segundo en patrimonio neto. Hoy tiene una cartera de préstamos diversificada: el 57% va a los hipotecarios y el 43% restante a los personales, corporativos y tarjetas de crédito. Su participación en el mercado hipotecario local creció del 5 al 21% desde el 2004. Registra una mora de apenas un 0.2% en los créditos individuales. Sin embargo, como cualquier banco, depende del costo del dinero para fijar las tasas de interés a las que puede prestar: el costo financiero roza el 15% en un crédito promedio de 120.000 pesos. 

 ¿Se puede dar por recuperado al sistema financiero, una especie de condición básica para dar más crédito?

 Estol:  Después del 2001 aprendimos cuánto cuesta recuperar la confianza que se pierde en dos segundos. Si hacemos un balance, diría que la recuperación fue bastante más rápida de lo que todos calculábamos en cuanto a la vuelta de los depósitos al sistema luego de quedar “acorralados”. Hoy tenemos dos buenas noticias: ha vuelto la plata a los bancos y no tenemos un techo para seguir creciendo: los depósitos y los préstamos son todavía muy bajos en relación al PBI. Claro, en el caso de los préstamos, hace falta tener confianza en el país, no sólo ni necesariamente en los bancos… 

 Justamente, se ha instalado la idea de que los bancos ahora ganan plata pero no la prestan…

Estol: Es una especie de juego del Gran Bonete en el cual no sabemos quién lo tiene. Se suele focalizar en los bancos por lo que no hacen pero, en realidad, representan sólo una parte del engranaje de esta cadena de valor. Los bancos, por ejemplo, no tienen como propósito absoluto dar créditos lo suficientemente baratos para que haya inversión: los bancos toman la tasa de interés como un dato de la realidad para recibir los depósitos y ajustan a esa tasa, más los costos operativos y una ganancia lógica, para prestar esa plata depositada. El proceso de inversión en base al crédito se da o no se da de acuerdo a esa ecuación y si de ella resulta una tasa lógica que se pueda repagar. Mirar solamente a los bancos es ver el problema con miopía. No bajan las tasas porque ellas marcan el costo del dinero, que es la materia prima de los bancos: no se puede bajar ese interés más allá de lo que cuesta. Es cierto que el objetivo de los bancos es la transformación del riesgo, o sea que se puedan convertir depósitos de corto plazo en préstamos de más largo plazo, aunque no al extremo del caso argentino. 

 La actual volatilidad financiera mundial aumenta ese costo del dinero. ¿Cómo impacta aquí?

Estol: Primero habría que decir que esta vez los mercados emergentes han resistido mucho mejor que en otras crisis. Muchas veces la Argentina debió pagar localmente las crisis de otros lugares. Pero volviendo al fondeo de los bancos, hay que aceptar que nos impacta. Si bien una parte de ese fondeo está formado por los depósitos, otra no menos importante la constituyen los mercados de capitales extranjeros. En la medida en que esos mercados están siendo afectados por la volatilidad, nosotros sufrimos un impacto negativo en el costo del dinero y por lo tanto en la capacidad de bajar las tasas de los préstamos. 

 ¿Qué efecto tendría refinanciar la deuda con el Club de París o con los holdouts?

Estol: En la medida en que se demuestre buena voluntad de nuestro lado, la relación con los inversionistas internacionales tenderá a normalizarse. La economía, en buena medida, es producto de expectativas, gestos, sensaciones, confiabilidad. El sólo dato de que se esté tratando el tema y el sólo hecho de ver en la Argentina una actitud negociadora, es muy importante. En los momentos de liquidez extrema, por ahí los inversores extranjeros no miran tanto dónde van a poner la plata, pero, ante ciertas limitaciones en el mercado de capitales, son más selectivos y se fijan en los países atractivos, aquellos que demuestran buena voluntad y dan señales positivas. 

 El costo del préstamo hipotecario es preocupante, sobre todo porque no acceden los sectores con recursos más limitados, pero igual crecen…

Estol: Claro, los préstamos han crecido exponencialmente, el Banco Hipotecario ha prestado en los primeros diez meses de este año 3 veces más de lo otorgado en el 2006. Estamos creciendo a niveles del 40 ó 50% mes a mes. Pero es cierto, existen segmentos de la población que todavía no pueden ser atendidos por los bancos y necesariamente tienen que recurrir a subsidios u otro tipo de ayudas fuera del sistema. Eso pasa acá y en el mundo, por eso muchos gobiernos aplican políticas diferenciadas para los sectores de menores recursos. Una tasa más baja y un plazo más largo, lógicamente, harían que nuestro banco, por ejemplo, pudiera ir bajando en la pirámide poblacional y atender a esos segmentos del mercado. Ahora bien, nosotros hemos ido bajando pero nuestro límite es la sustentabilidad de las tasas que cobramos. Creo que vamos a volver a la senda de las tasas declinantes, pero por ahora la tasa sube y baja. En los Estados Unidos estalló la burbuja generada por los créditos “subprime” (de baja categoría) porque la gente sintió un efecto riqueza y se endeudó creyendo que tenía más plata disponible de la que en realidad tenía. Pero aquí nuestros créditos son “overprime” (de nivel superior), estamos sobregarantizados. Allá los préstamos en relación al valor de la propiedad fueron superiores al 100%, la gente se endeudaba hasta para los gastos de escrituración. Además, si la propiedad salía 100 y el préstamo era por 105, cuando el valor subía a 200 el banco ofrecía otro préstamo por 100, aprovechando la propensión al consumo. Aquí no existen esos créditos, el financiamiento promedio es del 65% del valor de la propiedad…

¿Qué espera de la macroeconomía futura que pueda fortalecer al sistema bancario?

Estol: Hasta ahora, el ancla fiscal y los superávits gemelos le dieron estabilidad al sistema. Siempre hay cosas para mejorar, lo importante ahora es reconocer los problemas para poder superarlos: necesitamos políticas, simplificar las regulaciones y tener certidumbres sobre las distintas variables. Diría que con la sola disposición a hacer algunas correcciones ya se generarían expectativas positivas, después vendrá el efecto concreto que esperan los inversores locales o extranjeros. En ese momento, los bancos tendrán que estar preparados para funcionar como canales del ahorro y la inversión. El objetivo debiera ser que la gente que tiene proyectos, pero que no tiene los fondos, pueda acceder a ellos. Que la gente que tiene la plata y no sabe en dónde colocarla, la invierta aquí. Y que la gente joven, que empieza ganando poco pero con grandes perspectivas en su próximo ciclo de vida, pueda adelantar la compra de una propiedad que pagará a los 60 años. Para todo eso necesitamos la estabilidad del sistema…

 ¿Cómo les fue con los créditos a las grandes empresas? Porque las Pymes se quejan de que los créditos no aparecen para ellas…

Estol: Con las grandes empresas estamos bien ahora porque teníamos liquidez cuando ningún banco la tenía: como habíamos entrado en default y no pagábamos nuestra deuda, durante la crisis le pusimos la espalda y la plata a las empresas grandes que necesitaban invertir. Es una relación que seguimos cultivando. Es cierto, sin embargo, que el financiamiento para la inversión es un problema pendiente, sobre todo en las Pymes que arrastran malos antecedentes desde la crisis. Nosotros no nos concentramos en las pequeñas y medianas empresas, pero me parece que hay que tener en cuenta que funcionaron bien los programas de subsidios de los distintos niveles de Gobierno a las Pymes. Creo que debemos abrir la mente y buscar soluciones alternativas, tanto para el crédito empresario como para el individual. Ver la experiencia del Banco Nacional de Desarrollo de Brasil, por ejemplo. Tener en cuenta que muchos países han subsidiado la tasa de interés para los créditos hipotecarios y fueron políticas exitosas. Sabemos que hay restricciones presupuestarias para hacerlo en la Argentina, no se puede subsidiar todo, pero hay distintas formas inteligentes de cofinanciamiento del sector público y privado y un trabajo conjunto con el BID y los organismos multilaterales que es posible. En realidad, todo es posible si entendemos que el financiamiento será la clave para nuestro desarrollo.

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